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CORRER ATADO A UN HOMBRE

Por Sergio Galingo.

 

Mi perro se llama RIP y debe su nombre a un viejo grupo Punk nacido en Mondragón  a primeros de los 80. Yo debo mi nombre a una breve discusión que mantuvieron mis padres y que zanjaron llamando Sergio a su último hijo. Desde hace cuatro años a los dos nos une tres días por semana una correa semi-elástica atada por un extremo a mi cinturón y por el otro a su arnés.  Al parecer se trata de un kit de canicross -pero no se engañen-, es una correa que en un extremo tiene a un hombre y en el otro a un perro.

 

La naturaleza le ha dotado especialmente para la carrera, de todas sus razas y de las de sus antepasados el azar ha querido que en él domine la genética de podenco. Elegante, potente y profundamente estético en su zancada no parece avergonzarse de arrastrar al final de la correa a un ejemplar de humano poco cualificado genéticamente para trotar largas distancias, a ratos perezoso, estéticamente grotesco; contrahecho y renqueante cuando el camino se empina y que no hace

La naturaleza le ha dotado especialmente para la carrera

otra cosa que entorpecer su galopar. No se avergüenza de lo que hay al otro lado de la maroma, muy al contrario camina altivo y elegante aún sabiendo que en los últimos kilómetros carga con algo antiestético que afea la estampa, que él se empeña en embellecer.

 

Les cuento todo esto porque cuando corremos RIP es la especie dominante, marca el ritmo, el cómo y el cuando. Abrumadoramente superior en la subida, altanero y distinguido en la bajada y el llana, yo sólo puedo acompañarle. Y esa sensación de estar devolviéndole parte de la compañía que me regala cuando cocino, sentado detrás de mi inmóvil como un perro de porcelana, o mientras duermo tumbándose

calladamente junto al sofá, ese sensación es maravillosa y gratificante. No hace mucho escuché a Antonio Gala la siguiente reflexión, con la que comulgo totalmente y así me despedido:

 

"El primer día que un perro llega a una casa, el perro hace compañía a quien lo entró".

"El segundo día quien lo entro hace compañía al perro. Y el tercer día quien lo entró comprende que la manera de acompañar de un perro es pedir ser acompañado".

 

 

Mañana como cada martes ataré a un mestizo cogido del abandono y le acompañaré durante unos kilómetros .  

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